Agricultura y conservación

El ser humano ha favorecido, seleccionado y organizado a lo largo de la historia aquellos elementos que consideraba fundamentales para garantizar la producción de alimentos creando los paisajes que vemos ahora.

En el pasado, la gestión que se hacía de los espacios agrícolas tenían, en general, ideas que ahora asociamos con la sostenibilidad en mente ya que las comunidades encargadas de su explotación eran conscientes de la necesidad de preservar el recurso para las generaciones futuras. Estos paisajes agrarios se encuentran en equilibrio entre la actividad agraria y la conservación de la naturaleza, por ello es importante su conservación. Retículos de vegetación natural, especies adaptadas al pastoreo, ganado adaptado a las condiciones climáticas de la zona, infraestructuras agrarias que mejoran y facilitan la explotación como antiguas acequias o sistemas de aterrazamiento, son componentes de los paisajes agrarios que por su importancia ecológica y cultural se deben preservar.

Además, en general, los paisajes tradicionalmente agrícolas destacan por la calidad y singularidad de sus productos, otro motivo importante por el que se deben proteger.

Flora

Estos paisajes necesitan de la actividad agrícola para conservarse y al contrario. Un  ejemplo de esta relación lo encontramos en el Proyecto SEO/Birdlife Olivares Vivos en el que  se combinan los olivos con herbáceas u otros cultivos que cubren el suelo reduciendo la erosión y aumentando la biodiversidad de la zona y la productividad del olivar.

En el caso de la Comunidad de Madrid, encontramos casos muy concretos de esta interacción beneficiosa entre paisaje y actividades agrícolas. La producción de miel por parte de Apiarte, miel La Abeja Meli, cuyas colmenas se encuentran en las cuencas de los ríos Lozoya y Jarama, es uno de ellos. Apiarte lleva a cabo la trashumancia comarcal de sus colmenares, de las zonas más bajas en invierno a las más altas en verano, para así aprovechar al máximo las épocas de floración y proveer a las abejas de temperaturas más suaves. Desde el punto de vista de la conservación del paisaje, esta trashumancia favorece la polinización en un área mucho más extensa, beneficiando así a la biodiversidad en espacios protegidos de la Sierra Norte.  

En esta misma comarca, Lozoya Somosierra, lleva a cabo a su proyecto la Cooperativa Los Apisquillos que gracias a su modelo de ganadería extensiva y trashumancia, consiguen una relación sostenible con su entorno. La propia alimentación de los rebaños permite que estos “limpien” las zonas de pasto estimulando el crecimiento de plantas herbáceas y reduciendo la probabilidad de incendios, además el abonado que realizan con sus excrementos ayuda enriquecer el suelo y, por lo tanto, a mantener la biodiversidad. Todo esto hace que el ganado ovino y caprino sean piezas muy importantes en el mantenimiento de ciertas áreas como, en este caso, la Reserva de la Biosfera de la Sierra del Rincón.

Estos son solo algunos ejemplos de cómo la actividad agraria bien gestionada nos ayuda a conservar ciertos paisajes y los beneficios que nos aportan (diversidad, fijación de carbono, reducción de la erosión…). Es por ello que se deben mantener determinadas prácticas agrarias clave, como el pastoreo, las podas o los abonados. 

Mediante el consumo de alimentos frescos y de temporada producidos por agricultores y ganaderos locales participamos en la conservación de nuestros paisajes y nuestro patrimonio; al apoyar económicamente estas actividades estamos apostando por la continuidad del medio rural; y si además estos cuentan con certificación ecológica o su producción se basa en prácticas agroecológicas contribuiremos al desarrollo sostenible del nuestro territorio.